
Aunque hoy parezca difícil de creer, Nueva York hace 400 años era un hermoso paraje silvestre de altísimos castaños, robles y nogales americanos. Una tierra frondosa entre marismas y pastizales, poblada por pavos, ciervos y osos americanos que convivían con la tribu Lenape.

Hudson, el explorador inglés que llegó a la bahía de Nueva York en 1609, la describió como "una tierra de lo más agradable sobre la cual andar". Había playas arenosas a lo largo de ambas costas de la estrecha isla de 21 km de longitud en las que los Lenape se daban festines de almejas y ostras, mientras los castores recorrían los 105 kilómetros de corrientes que fluían por Manhattan.


La reconstrucción del paisaje de Nueva York antes de la llegada de los exploradores ha sido posible gracias al proyecto Mannhatta ("la isla de las mil colinas" como los Lenape bautizaron ese territorio). El responsable es Eric Sanderson, ecólogo de Wildlife Conservation Society, que hace una década se propuso averiguar cómo habría sido Nueva York antes de la llegada del hombre blanco

El resultado se puede visitar en una exposición en el Museo de la Ciudad de Nueva York, y en la página web del proyecto themannahattaproject.org


